El Rapallo

Aragón tierra de paso” dicen algunos, pero hay lugares en esta tierra que se resisten a dejar pasar así porque si al visitante, al viajero o al amigo que siempre tiene que volver. Uno de esos lugares que retiene y se queda en la memoria azuzando al cuerpo para el regreso es Alhama de Aragón. 

Siempre a la contra, regada por mil manantiales en tierra de secano, floreciente en frontera de tierras ahora baldías, lugar de estancia obligada desde época romana y musulmana después, con asomos de modernismo decimonoico en contraste con otros pueblos de su entorno que lucen arquitecturas mudéjares y barrocas. Musulmana, castellana después y aragonesa hoy, pero nunca quieta. Ya observó el poeta Benjamín Jarnés   hace casi un siglo que Alhama tenía durante el día una ebullición inusual para un pueblo de su tamaño a la vez que ofrecía los mejores lugares para encontrar el sosiego y el reposo del cuerpo. 

Y a la contra fue la familia Traid Tirado cuando en 1980, siguiendo el camino inverso que llevaba a muchas familias a buscar su vida en la ciudad, adquirió la casa donde ahora se encuentran los apartamentos rurales “El Rapallo” para instalarse en este pueblo de Alhama. 

La casa fue construida en los años 40 sobre otra edificación antigua en una de las calles de lo que podría denominarse el “casco antiguo” del pueblo, la calle Palacio. Esta calle debe su nombre al palacete de alguno de los nobles que habitó Alhama en los siglos XVII-XVIII y que todavía mantiene su fachada en la actualidad. 

La fisionomía de la calle y de la casa es obra de aquellos arquitectos de la sostenibilidad   que eran los sabios lugareños de antaño. Calles estrechas vetadas a la velocidad del coche, pensadas para ser recreo del niño y del anciano, resguardo de la helada en invierno y del sofocante estío. En la casa paredes de adoba gruesas para que el interior lleve la contraria al calor y al frío. 

En la década de los 90 y primeros años del 2000 la casa se abandonó prácticamente, quedando deshabitada hasta que el matrimonio Ángel Vicioso y Raquel Traid decidieron rescatar de la ruina aquel pedazo de sus vidas para compartir algo que creen que vale la pena, su tierra, su pueblo, su calle , su casa. 

Decidieron mantener lo esencial del edificio, su estructura recia pero con amplios balcones, terrazas y ventanas. Conservar el viejo adobe en sus muros reforzado con ladrillo macizo aragonés y mantener una fachada exterior acorde a la arquitectura de la calle. 

En el interior han elegido una decoración original con muebles de estilo colonial que junto a la pintura, los papeles y escayolas de paredes y techos dan un aire romántico a cada apartamento que recuerda aquellas estancias de la “belle époque” reflejo de la época dorada de los balnearios de Alhama. 

Ángel y Raquel han construido el lugar donde quisieron vivir, al detalle, con generosidad, pensando que cada día puede venir un amigo. Y conociendo a la pareja ,lo que es seguro ,si te animas a conocer esos valles, es que será difícil que te vayas de allí sin ser su amigo. 


Antonio J. Traid